Estaba más y más cerca del
pueblo. Ya no se sentía los dedos de los pies, pero la
vista de la casa en que podía calentar,
llenaba a Luisa de alegría. Cuando ya estaba
justo delante de la puerta, estaba pensando
quien puede bienvenirla. Luisa llamó a la puerta. Se imaginaba que en seguida verá a una anciana menuda con
gafas redondas, vestida en un suéter de lana típico de
las abuelas. Oyó conmoción dentro de la casa, ladrido de un perro y las voces
de los niños, oyó a alguien corriendo de las escaleras y los pasos que se
acercaban a la puerta y ya alguien gira la
llave en la puerta. Luisa se puso nerviosa. ¡¿Qué
decir...?! ¡¿Qué decir...?! “Hola... soy Luisa... he venido aquí para resolver
una enigma de mi sueño pero en el camino un arból
bloqueó la ruta... y después algún
desconocido me persiguía
con el cuchillo en la mano así que vine
aquí...” Esta historia parecía una
desastre... La abuela potencial pensará que soy una psicópata...- pensó Luisa. Bueno,
quizás sea mejor así porque según Luisa todo el mundo es un poco psicópata. No,
no, ahora tego que pensar en un plan
mejor. Pero ya no queda tiempo, la puerta se abrió
y en el pie de la puerta en vez de una anciana menuda Luia vi a un hombre alto
con las gafas, vestido en vaqueros y cárdigan blanco. Debió tener alrededor de cuarenta
años, tenía el pelo negro con unos
pocos mechones del color blanco. “Le quedó genial ese pelo gris...”: pensó
Luisa.
Estaba asombrada y no sabía
que decir, el hombre le miraba y dijo:
- Hola... ¿necesitas ayuda?
- Sí... busco a alguien que me de alguna
información sobre la casa abandonada cerca del bosque en este pueblo- respondió
Luisa
- Entra por favor...- añadió el hombre