czwartek, 7 lutego 2019

Verdadero milagro


Estaban más y más cerca de la cabaña que parecía exactamente como en el sueño de Luisa. Tanían los zapatos mojados por este nieve, pero cuando ya llegaron a la puerta, la casa parecía horrible, como casa embrujada. Las paredes estaban cubiertas de hierda. Algunas de las ventanas eran rotas. En general todo estaba oscuro bajo el manto de la noche que empeoraba el miedo. Estaban de pie en frente de la puerta de madera. Miraron por la cerradura pero dentro habían solo telarañas grandes y desbarajuste. Alex tocó la manija, la puerta estaba cerrada. Pero la puerta era tan antigua que bastaría sólo dar una patata y se entraría a la casa. Alex tiró un golpe y la puerta se derrumbó a lo grade. Alex no sabía porque hace lo todo para esta mujer. Ahora podría estar en su casa, frente a la chimenea, en vez de irrumpir en las ruinas de la vieja casa. Pero cada vez más sentía que Luisa es la mujer que merece la pena, no podía explicarlo pero algo le atraía a ella y no sabía por qué. En el momento en que la puerta se derrumbó, ambos vieron el interior de la casa. Hacía frío, estaba oscuro. En el rincón de la cocina estaba la estufa. Estaban también los armarios antiguos que una vez eran blancos. Ahora estaban cubiertos de una gruesa capa de polvo. De pronto Luisa se dio cuenta de que en la mesa de cocina había una tarjeta.
-Mira, alguien lo dejó aquí- dijo Luisa y empezó a leer la cartita en que estaba escrito solo:
Empezó el juego
En este momento el techó empezó a derrumbarse, querían salir de la cocina pero la puerta se cerró como si alguien más estaba con ellos, pero no vieron nadie. El techo estaba cayendo cada vez más. Alex tomó la mano de Luisa y corrieron hacia otra puerta. Tocó la manija, afortunadamente la puerta estaba abierta. Cuando la abrieron vieron las escaleras que suben al desván. En la casa constantemente ocurría algo raro. Todas las ventanas y las puertas se abrieron y cerraron. Luisa y Alex desearon volver a la casa. Cuando subían por las escaleras, Luisa cayó y sentí que alguien tomaba su pierna. Se dio la vuelta y vio que un hombre con el cuchillo en la mano está sosteniendo su pierna. ¡El mismo hombre que vio en el bosque! ¿Cómo llegó aquí? Estaba tirando más duro, pero Alex la arrastró hacia él, abrió la pequeñita puerta del ático, se escondieron dentro y bloquearon la puerta. Ahora mismo los golpeó el olor. No podían creer en lo que vieron. ¡Los cuerpos de los bebés! Uno, dos, tres, cuatro... No podían creerlo. El hombre con el cuchillo mataba los recién nacidos y coleccionaba sus cadáveres. Ahora el hombre siguió aporreando la puerta, pero no consiguió abrirla, pues… es él quien hizo esta puerta, pare que nadie pueda entrar en el ático. Mientras tanto Luisa y Alex empezaron a mirar a los cadavéres de los niños, cada uno de ellos, llevaba un trozo de papel con su nombre y fecha con el año. Se acercaron a los niños mirando los trozos de papel:
Lucía 1959, Sofía 1960,  Elena 1965, Luna 1968...
y lo que les tocó lo más: Gertrude 1970
Luisa y Alex se miraron uno al otro boquiabiertos. Sin embargo Luisa sabía que esta historia está terminando. Sabía perfectamente cuál es su misión. Todas estas cosas sobrenaturales en esta casa ya terminaron. Tenían que solo llamar a la policía para librarse de este hombre que está espernado abajo. Luisa se preguntaba solo, cómo este hombre sabía que ella quiere reslover este enigma… ¿Cómo llegó al bosque? Pero ahora eso fue menos importante. Cuando toda esta historia se acabó, Luisa volvió al ático y sepultó las niñas en el jardín cerca de la casa. Hizo un pequeño cementario, donde en cada sepulcro estaban escritos los nombres de las niñas. Luisa cuidaba por el cementario porque ahora vivía con Alex y podía visitar este lugar cada día. Aunque ni Luisa ni Alex no podían tener un hijo, ahora estaban esperando a un bebé. Para ellos ha ocurrido un milagro. El espíritu de pequeñita Gertrude estaba pidiendo ayuda y a cambio recibieron el niño. Luisa y Alex sabían que van a tener una niña, ni ella ni él no tenían ningúna duda en cuanto al nombre de su hija, que era para ellos como verdadero milagro.

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