Cada mañana cuando soñaba
sobre el grito pensaba sobre un niño que no podía tener con su marido, sobre el
amor maternal al niño que nunca fue en su vida. Nadie podía entender el vacío
que ha dejado dentro de ella desde la muerte de su marido, que se ha llevado
también sus sueños de tener un niño. Pero en sus sueños sobre el grito había
algo raro. Este niño era atrapado, lejos de ella, abandonado, congelado. Eso ne le dejaba el paz. Se sentía
como si eso fuera un grito de ayuda. Estaba mirando a su gato que disfrutaba el
calor del radiador y pensaba que alguien quiere decirle algo a través de sus
sueños.
Se ha preparado un
café y alimentó a su gato. Todo el día tanía
el voz del niño en su cabeza. Decidió
salir de casa e hizo un paseo al bosque. Cuando miraba
arriba a las ramas de árboles balanceándose, tanía la
sensación de que todos los árboles en el bosque van a caer.Y cuando ha llegado
la noche el voz del niño volvió. Esta vez en su sueño apareció algo muy
conocido de su infancia: una casa pequeña junto al bosque, lejos del pueblo en que vivía su abuela. Cuanda
Luisa era pequeña solía observar esta casa abandonada desde el patio de su
abuela. La casa era vieja y pequeña, de ladrillos rojos. Nadie vivía
allí, parecía que ni siquiera había allí el acceso a la electricidad. La última
vez que Luisa estaba en este pueblo fue hace diez años. Esta casa pequeña era
tan chocante para ella que una vez como la niña decidió ver la casa del cerca. Tomó atajos por el prado que nadie supiera que estaba allí.
Brak komentarzy:
Prześlij komentarz