Hace cincuenta años,
en el crudo invierno, por la tarde, mis abuelos se preparaban para ir a
acostarse. Y como por todas las noches iban a dar un beso de buenas noches a
todos sus cinco hijos, que dormían en una habitacíon. Cada noche la familia
rezaba con fervor en pequeñita habitación de chicos. Los abuelos eran humildes,
el abuelo, todos los días, trabajaba como
un reloj, era zapatero. La abuela cuidaba
de la casa y de los hijos. Eran pobres pero felices, especialmente que, últimamente
vino al mundo sus sexto hijo- pequeñita
Gertrude. Esta noche inolvidable cuando ya terminaron de rezar, empezó la
tormenta de nieve. Afuera de la ventana
no se podía ver nada fuera de remolinos de nieve. Todo alrededor de la casa era blanco. La
familia, sobre todo en los momentos así, estaba agradecida a Dios por el
abrigaño y que tienen el uno al otro.
De repente en la casa se podía
sentir el correinte de nieve y el frío,
como si alguien abriera todas las ventanas en la casa. La abuela se fue al dormitorio, donde dormía
en la cuna pequeñita Gertrude de dos meses. Y luego, desde el dormitorio se oyeron gritos:
- ¡¡¡Gertrude desapareció!!! ¡¡¡Mi
niñita desapareció!!!
La abuela se echó a
llorar. Mi abuelo con sus hijos se pusieron de pie de un salto y en el
dormitorio encontararon la ventana abierta y la abuela que llora sobre la cuna vacía.
Aquel día alguien entró
en la casa y secustró al niño. Desde esos días, la abuela se volvió
loca. Nunca más se recuperó de perder a su Gertrude peqeña...
- Lo que era raro y no se podía explicar, es lo que dices
tú Luisa- interumpió Alexy-
desde el día en
que Gertrude desapareció, en cabaña de los abuelos ocurrieron las cosas
paranormales. Por la noche se oyían los gritos del niño,
los objetos caían desde mueblos, diferentes cosas aparecían en la
casa y desaparecían, movían desde un lugar a otro. Y nadie podía explicarlo...Los
abuelos invitaron
a la casa a un cura de una parroquia cercana para exorcisar la casa pero ni
siquiera eso ayudó…Una noche, el espíritu
que vivía en esta casa, decidió deshacerse de toda la familia. Cuando todo el mundo dormía, en la casa se abrieron todas la ventanas y las puertas,
un gran viento vino y todos los objetos volaban por los aires, oyeron también el llanto del niño. Toda la familia saliera de la
casa y nuca voví. Esa fue la última noche en esta cabaña.